¿Cómo salir de la casa por las mañanas con todo e hijos y no perder la cordura en el intento?

¿Cómo salir de la casa por las mañanas con todo e hijos y no perder la cordura en el intento?

Dr. Laura Markham

Aha Parenting

Siempre corriendo… El estrés de las mañanas es agobiante. Alistarme para ir al trabajo y asegurarme que mis hijos estén listos a la hora indicada para salir con rumbo a la escuela es todo un reto. Siempre ando corriendo, siempre estresada… no importa que tan temprano me levante o que tan listo deje todo la noche anterior… mientras más prisa tengo, más me toma alistar a los niños…

No importa si los amenazo o les ofrezco un premio, tan pronto sienten mi urgencia uno se tira en el suelo y el otro empieza a ignorarme… el resultado, nuestro día empieza con estirones y jalones… llegamos, ellos a la escuela y yo al trabajo, con un alto nivel de estrés y con los nervios de punta…

Karina

¿Te suena familiar el testimonio de Karina?

La mala noticia es que por más que Karina amenace, premie, castigue, intente por la buena pedir a sus hijos que se apuren o prepare todo la noche anterior, no hay garantía de que las cosas saldrán con la suavidad o fluidez que ella quisiera. Todo eso ayuda mucho, pero muchas veces las necesidades de los niños chocan con las nuestras.

¿Qué necesita un niño de 4 años en las mañanas? Bueno, todos somos diferentes, pero la mayoría de nosotros necesitamos tener una transición para pasar del sueño a la actividad; muchos niños se alteran al sentirse correteados. Muchos niños de 4 años necesitan “hacer las cosas por sí mismos”¨; quieren tomar sus propias decisiones respecto a cuándo necesitan ir al baño. Nunca he conocido a un niño que comprenda por que la junta que tiene mama en el trabajo es más importante que encontrar su carrito rojo.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? desde mi punto de vista lo ideal sería que ambos padres tuvieran un trabajo con horario flexible que les permitiera tener más tiempo en las mañanas para que los pequeños tuvieran una forma más humana de empezar el día. Lo sé, esto no es posible para la mayor parte de las familias.

Lo mejor que se puede hacer en estos casos es replantearse la idea de cómo se lleva a cabo la rutina matutina. ¿Qué pasaría si por las mañanas tu tarea más importante fuera conectar emocionalmente con tu hijo? de esta manera tu hijo tendría su tanque emocional lleno, estaría más dispuesto a cooperar contigo, sería más capaz de enfrentar los retos emocionales de su propio día. ¿Cómo se hace esto?

1. Manda a todos a la cama lo más temprano posible

Si tienes que despertar a tus hijos en las mañanas, significa que no están durmiendo lo suficiente. Cada hora menos de sueño los retrasa un año en su funcionamiento cerebral, lo que significa que actúan como si fueran un año menores.

2. Vete tú también a dormir más temprano

Si tienes que usar una alarma, no estas durmiendo lo suficiente (lo siento…) la rutina matutina requiere de infinita creatividad y energía por parte de los padres. Tus hijos dependen de ti para empezar su día con su tanque emocional lleno. No hay forma de mantenerse paciente cuando estás exhausto.

3. Consíguete más tiempo

Levántate antes que tus hijos, para que cuando ellos se levanten tu estés vestido y emocionalmente centrado antes de interactuar con ellos. Planea de manera rutinaria llegar al trabajo 15 min antes. La mitad de las veces no lo lograras, pero así no estarás estresado por llegar tarde. La otra mitad de las veces empezarás tu día más relajado y serás más efectivo en tu trabajo.

4. Prepárate una noche antes

Mochilas, portafolios, ropa, desayuno planeado, etc. involucra a tus hijos en el proceso, permite que ellos puedan seleccionar su ropa y encontrar ellos mismos lo que necesitan para estar listos.

5. Asegúrate de pasar por lo menos cinco minutos acurrucado y relajado con cada hijo mientras se van despertando.

Sé que se escucha imposible. Pero piénsalo, si todo lo demás está hecho, te puedes relajar cinco minutos. Ese tiempo de conexión con tu hijo transformará tu mañana. Llenarás el tanque emocional de tu hijo, lo que le da la motivación para cooperar en lugar de luchar contra ti. Esta es la mejor manera de prevenir la resistencia y el lloriqueo matutino.

6. Utiliza rutinas para hacer la transición más fácil.

Para los niños las transiciones entre actividades son difíciles y la mañana está llena de transiciones. Por ejemplo, si sacar a tu hija de la cama es un reto, terminen su arrumaco mañanero tomándose de las manos mientras bajan las escaleras y hagan de ese momento un tiempo de conexión especial, ambos digan por qué se sienten agradecidos o algo que les emocione del día que empieza (Naturalmente, lo que tú compartas tendrá que estar relacionado con su hijo).

7. Date cuenta que tus hijos necesitan tu ayuda para pasar por las transiciones.

Si tu meta es darle a tu hijo un buen comienzo del día, entonces necesitas darte cuenta que tu trabajo es ayudarle a transitar por la rutina matutina de manera suave y alegre, no solo darle órdenes. Eso podría significar bajar su ropa y permitirle que se vista junto a ti mientras estás dando de comer al bebé. De esta forma podrás reconocer su esfuerzo, por ejemplo: “Me doy cuenta que escogiste tu playera azul otra vez… te gusta, ¿verdad? Veo que estás haciendo un gran esfuerzo poro distinguir qué zapato va en qué pie. Hoy estás tarareando mientras te vistes”. Recuerda, vestirse es tu prioridad, no la suya. Tu presencia es lo que le motiva. Él está tomando prestadas tus “funciones ejecutivas” para mantenerse por buen camino.

8. Mantén la rutina lo más simple que se pueda.

Por ejemplo, tal vez quieras repensar el tema del desayuno. Yo sé, quisieras servir siempre un desayuno caliente. Yo también. Pero tengo un hijo al que no le gusta desayunar después de levantarse, así que hay veces en las que se come su sándwich en el auto. Igual de saludable y más pacífico, un mejor comienzo del día.

¿Preocupada porque se cepillen los dientes? Le pasé un cepillo de dientes y un vaso entrenador después del sándwich. No usó pasta de dientes por unos meses, no pasó nada. Si es demasiado para ti, necesitas encontrar una solución que te funcione. Mi punto es que las reglas pueden ser flexibles. ¿Por qué no pueden dormir en la playera y los leggins que llevarán mañana a la escuela? ¿Por qué no solo recoger su cabello en una colita en vez de cepillarlo? Es cuestión de identificar lo que es realmente importante.

9. Da opciones.

A nadie le gusta que lo estén mandando y ordenando todo el tiempo. ¿Quieres cepillarse los dientes subido en el banquito en el fregadero de la cocina mientras saco al bebé de su silla? O ¿quieres hacerlo arriba en el baño? ¿Quieres ponerte primero los zapatos o la chamarra? Cede en control en cada oportunidad que tengas. Tal vez pienses que debe ir al baño tan pronto como se levanta, pero él quiere y puede estar en control de su propio cuerpo. Mientras no haga pipí en sus pantalones, puedes dejarlo tomar la decisión de cuándo ir.

10. Actúalo.

En algún momento, durante el fin de semana, toma una mamá y un bebé de peluche (pueden ser títeres o incluso animalitos). Has que actúen la rutina de la mañana. Has que el pequeño muñeco se resista, chille, se colapse. Has que la mamá pierda el control (no asustes a tu hijo al sobre actuar, has que la mamá sea chistosa o torpe). Tu hijo estará fascinado. Ahora, dale a tu hijo el muñeco mamá y actúen nuevamente la escena, ahora siendo tú el hijo. Háganlo chistoso para que ambos se rían y liberen tensión. Asegúrate de incluir escenarios donde en los que el niño va a la escuela en pijama, o la mamá va a trabajar en pijama, o que el hijo tiene que gritarle a la mamá para que se apure, o que la mamá diga: “qué importa esa junta. Vamos a decirle a mi jefe que es más importante encontrar tu cochecito”. Dale en la fantasía lo que no puede tener en la realidad. Lo más seguro es que con esto verás más comprensión y cooperación por parte de tu hijo. Si no, al menos la risa bajará la tensión.

11. Prioriza implacablemente.

Si ambos padres trabajan tiempo completo mientras los hijos son pequeños, simplemente no hay tiempo para hacer nada extra durante la semana. Priorizar es la única manera de irte a la cama temprano y estar de buen humor por la mañana. No te preocupes, estos años no duran para siempre. Estás sentando las bases para que cada día pueda tomar más control de su propia rutina matutina.

La vida moderna pone mucha presión en los niños y en los papás, minando la conexión con los hijos. Necesitamos la conexión para suavizar los golpes de la vida. Nuestros hijos lo necesitan, no solo para cooperar, pero para ser mejores. Afortunadamente, cuando hacemos de la conexión nuestra prioridad, todo lo demás se hace un poco más fácil.

¡Te cuento tres! 1… 2… 3…

¡Te cuento tres! 1… 2… 3…

por Amy McCready

¿A quién su mama no le contó hasta tres? Contar 1-2-3 es una estrategia muy popular entre los papás, sobre todos de niños pequeños. Pero, ¿realmente funciona?

Amy McCready de Positive Parenting Solutions nos comparte su perspectiva y algunas alternativas a contar 1-2-3.

Si has estado utilizando la estrategia 1-2-3, probablemente te has dado cuenta que tus hijos no te prestan atención inmediatamente cuando empiezas a contar. Esto es lo que pasa en sus mentes:

Mamá: “¡Te cuento tres para que recojas tus juguetes! Uno…”

Hijo: “Está bien… Estoy bien aquí por un poco más. Seguiré haciendo lo que estoy haciendo”.

Mamá: “Dos…”

Hijo: “Es una lata. Ya sé que va a empezar a contar, pero sé que no tengo que hacer nada todavía. Tengo tiempo”.

Mamá. “Dos y media…”

Hijo: “Ay no… ya llegó a dos y media… Supongo que tengo que empezar a moverme antes de que llegue a tres”.

El asunto es que al contar hasta tres, realmente le estás dando tus hijos 5 o 6 oportunidades para ignorarte antes de tener que responder a lo que les estás pidiendo. Probablemente les has hablado una o dos veces antes de empezar a contar. Si a esto le agregas el “dos y media” y “dos tres cuartos”, pues ya tuvieron entonces entre 6 y 7 oportunidades para responder. En resumen, les has enseñado efectivamente cómo ignorarte, y la verdad para ellos es un hábito difícil de romper.

Además, ¿qué pasa en ti mientras estás contando? ¿Sube tu presión arterial? Y, ¿si después de contar hasta tres no hace caso? ¿Empiezas a contar otra vez? Pero en esta ocasión agregando: ¡Ahora sí va en serio!

Quienes hemos usado la estrategia de contar hasta tres, solemos creer que los niños necesitan que se les cuente para que tengan tiempo de reenfocar su atención. Sin embargo, considera lo siguiente:

¿Una maestra le pedirá múltiples veces a su alumno que realice una tarea? ¿Puede un empleado esperar hasta que su supervisor le repita varias veces que debe entregar un reporte? No, si quiere conservar su trabajo, ¿cierto? Nuestros hijos no tendrán tantas oportunidades cuando estén fuera de casa, de manera que contar hasta tres no contribuye a desarrollar características y habilidades de vida.

¿Qué hacer entonces?

Cuando quieres que tu hijo haga algo, ya sea levantar sus juguetes o dejar de salpicar agua en la tina, agáchate a su nivel (físicamente), haz contacto o visual y en un tono de voz calmado y firme enuncia el comportamiento que deseas que realice. La clave está en el tono de voz, ya que esto evitará que la situación se convierta en una lucha de poderes.

Por ejemplo puedes decir: “Mateo, por favor guarda tus juguetes o los voy a guardar yo y perderás el privilegio de jugar con ellos por el resto del día/semana” (ajusta el tiempo dependiendo de la edad de tu hijo). Esto le da a Mateo una oportunidad. Si él elige guardar sus juguetes, todos estarán felices. Pero si no… Calmadamente y sin hablar, toma los juguetes y ponlos en el closet por el tiempo que dijiste que lo harías.

Mientras estás siendo consistente con lo que dijiste, tal vez tu hijo pueda hacer un berrinche. Mientras nadie salga lastimado físicamente, déjalo. No hay necesidad de sermonar o de enojarse.

Su berrinche pasará y aprenderá una lección invaluable, que cuando dices algo realmente lo dices en serio. Recuerda, la paternidad es acerca de enseñar y ser consistente.

De lo contrario, si por el berrinche decides cambiar de opinión, Mateo comprenderá que no vas en serio y seguramente la escena se repetirá mañana.

Si eres consistente, tu hijo tal vez te ponga a prueba unas cuantas veces, pero pronto aprenderá que cuando dices algo, lo dices en serio.

Pronto será mejor oyente y ¡estará mejor preparado para el futuro!

Desacuerdos entre padres. ¿Uno es permisivo y el otro autoritario? ¿Qué hacer?

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  • “Yo quiero educar a mi hijo con amor y respeto, pero mi espos@ piensa que dejo que el niño haga lo que quiere”.
  • “Si alguien va a poner reglas en esta casa soy yo, mi espos@ no es capaz de decir que no al nuestros hijos”.

¿Cuántos de nosotros nos hemos encontrado en situaciones de desacuerdo con nuestra pareja sobre el tema de la educación de nuestros hijos? Este es un tema común en las familias, tema que genera un ambiente de tensión e inestabilidad de manera cotidiana.

UNA REALIDAD: Ambos padres quieren lo mejor para sus hijos…

Lo cierto, es que a veces los padres creemos que lo mejor es jugar al policía malo y al policía bueno, es decir, uno impone las reglas y cumple los castigos (autoritario) mientras que otro es más suave y condescendiente (permisivo). Sin embargo esto no hace más que enseñar a nuestros hijos a hacerle caso al que más le convenga según la circunstancia.

Ya sea que los padres vivan juntos o no, los temas que desatan los desacuerdos son variados, pueden ir desde los permisos para salir, el horario para irse a dormir, hasta temas relacionados con la alimentación y la formación espiritual de los hijos. A veces son los temas más cotidianos, a veces los más trascendentales, el punto es que las diferencias entre la pareja generan un clima de inestabilidad que tiene un impacto directo en la conducta de nuestros hijos.

LA BUENA NOTICIA: Ser padre o madre y compartir la crianza de un hijo no significa que siempre tengamos que estar de acuerdo, ni pensar exactamente igual. Los niños tienen una gran capacidad de adaptación y mientras los padres se respeten entre ellos, los hijos comprenden que papá hace las cosas de una forma y mamá de otra. Esto funcionará siempre y cuando los padres no compensen lo que creen que el otro no está haciendo.

Es posible experimentar placer en la paternidad compartida. Aquí algunas sugerencias:

  1. Acuerden no estar de acuerdo. Cuando los niños no estén cerca discutan sus ideas, pensamientos y sentimientos sobre la paternidad. Respeten sus diferencias.
  2. Haz saber a tus hijos que si necesitan una decisión deberán tener la respuesta afirmativa de ambos padres antes de hacer aquello que quieren.
  3. No interfieras en el momento en que el otro padre está actuando (a menos que la seguridad del niño esté en riesgo). Discutan sus ideas más tarde.
  4. Valora lo que cada uno de ustedes aporta a la familia, esfuérzate por ver lo positivo en el otro.
  5. No te quejes de tu pareja frente a tus hijos, ni le mandes recados con ellos y mucho menos esperes que ellos ayuden a resolver las diferencias de la pareja.
  6. Si tus hijos se quejan contigo del otro padre, hazles saber que estarás con ellos mientras le plantean la situación al padre en cuestión, pero que no resolverás la situación por ellos.
  7. Tomen en pareja cursos sobre la educación de los hijos.

Lo más importante es que seamos conscientes de que los niños pueden aprender de nosotros que está bien ser diferentes y que se pueden manejar estas diferencias con amor y respeto.

P.D. Todo lo anterior aplica también para tíos, abuelos, cuidadores, etc.

NOTA: Si existe violencia de cualquier tipo dentro de la familia, pide ayuda. Estas situaciones no se resuelven solas y requieren acompañamiento de un profesional.

Fuente: Nelsen, J., Lott, L. y Glenn, S. (2009) Disciplina Positiva de la A – Z. Ediciones Ruz. México

6 cosas que quiero enseñarle a mi hija

6 cosas que quiero enseñarle a mi hija

Jennifer S. White

Mother with daughter in the park

Mi hija está creciendo rápidamente

Todo el mundo dice que los hijos crecen en un instante, con un tronar de dedos pufff! Ya crecieron.

Doy un vistazo a mi hija sentada en nuestro piso de madera a lado de su montón de libros favoritos. Está señalando unos dibujos con colores muy brillantes, mientras animosamente lee en voz alta, luego sale corriendo para atravesar la sala y llega a donde estoy yo sentada. Se desparrama en mi regazo, su cara a unos centímetros de la mía, su sonrisa radiante frente a mí, y siento una lágrima salir de mis ojos.

Mi bebé.

Ya casi de tres años y está tan grande, ya no es más mi bebé.

Le sonrío antes de que se voltee, emocionada por la idea de que yo le lea un libro en voz alta, mientras repetimos este ritual por la millonésima vez (solo en esa mañana), pienso en las tantas cosas que quiero enseñarle.

Por supuesto que quiero que practique yoga conmigo y que ande en bicicleta con su papá. Y espero también que estudio y que viaje por el mundo, que aprenda un idioma, que toque le piano, en fin… lo cierto es que nada de esto es mi sueño real para ella.

Lo que realmente deseo que mi hija aprenda es muy sencillo.

1. Quiero que sea amable y que trate a la gente con respeto

El mundo actual está lleno de enojo y frustración. Quiero enseñarle que mucho del dolor del mundo puede evitarse si no lastimas a los demás. Si compartes amor a los demás, este llegará a tu vida.

2. Quiero que tenga confianza en sí misma

Deseo ayudarla a comprender que nuestras fallas y luchas personales tienen el poder de enseñarnos a ser compasivos con los demás. Si somos capaces de amar nuestra luz y nuestras sombras, entonces podremos valorar las de los demás.

3. Quiero que tenga riqueza

Que comprenda que esto no tiene nada que ver con dinero. Quiero que aprenda que tener a quien amar y que te aman a ti es lo que te hace rico en esta vida.

4. Quiero que tenga fe

Quiero que sepa que tener fe no es creer en un dios en particular o en una ideología, si que tener fe es saber que hay cosas en este mundo que no podemos ver fácilmente ni sostener en nuestras manos y que estas cosas son importantes.

5. Quiero que sepa que es capaz

Espero que pueda ver sus sueños flotar en las nubes sin la menor duda de que puede construir una escalera lo suficientemente larga para alcanzarlos.

6. Quiero que sepa que la amo

A veces mi hija me mira con una honesta adoración, y espero que me siga viendo así aun cuando se dé cuenta de todas mis fallas. Quiero que sepa que jamás en mi vida he intentado tanto ser buena en algo en mi vida como ahora que intento ser su madre.

Casi tres años, pienso asombrada. Y sé que dentro de poco seguiré aquí sentada pensando casi trece y no estaré segura cómo tantos años pasaron solo en minutos. Así que mientras ella crece y yo crezco, me recuerdo a mí misma qué es lo verdaderamente importante.

Lo importante no es la cocina impecable o la ropa limpia, ni siquiera la excelencia en leer y escribir, sino estos momentos, tal y como suceden, para que cuando pasen con injusta felicidad, sepa que no me perdí ninguno.