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Acerca de Fundación Por una educación consciente

La fundación Por una educación por una educación consciente está formada por un grupo de padres que hemos encontrado en la crianza respetuosa las herramientas necesarias para desarrollar en nuestros hijos habilidades de vida, que les ayuden a ser personas plenas que contribuyan a su sociedad. Nuestro deseo es que cada vez más padres y educadores conozcan una nueva forma de relacionarse con los niños y así, niño a niño cambiar el mundo.

Estamos educando niños que creen que lo merecen todo…

Esto me contó el otro día Jimena, una maestra amiga mía. Resulta que llegó a su salón Ana, una chiquita de unos 6 o 7 años, con una gran sonrisa, muy platicadora, una niña muy linda y muy normal… Y por supuesto Jimena pensó: ¡Qué placer! Si conocieras a Jimena, sabrías que no hay maestra más enamorada de los niños que ella.

La alegría no le duró mucho… Los maestros a veces tenemos en nuestro salón a esos niños que con su actuar te dicen: ¡No quiero y hazle como quieras!

Tan pronto llegó Ana, a al ver el trabajo que tenía que hacer comenzó a quejarse, cuando Jimena le pidió amablemente que acomodara su cuaderno de manera correcta dijo NO, que no lo iba a hacer y que si no era como ella quería no iba a trabajar. En su tono y en su lenguaje estaba el mensaje “No eres quién para decir qué tengo que hacer…”

La verdad es que niños de todo el mundo, desde infantes hasta adolescentes, están o sienten que están al mando en sus casas y en sus escuelas. ¿De dónde viene esto?

Tan pronto como el niño empieza a hablar, empieza a pedir cosas, de hecho, cuando llega a los cuatro o cinco años la frase: ¿Me compras? Es una de las que más escuchamos los papás. Las peticiones de nuevos juguetes o de dulces, no cesan y son acompañadas de la actitud “¡Lo quiero ahora!”

Los papás queremos darles cosas a nuestros hijos, y la verdad es que en parte es instintivo, en la época primitiva, los padres cavernícolas tenían en instinto de proveer comida, techo y protección a sus descendientes. Así que los padres “modernos” seguimos teniendo ese instinto de protección. El problema surge cuando en la actualidad, cedemos ante cada pequeña cosa o necesidad que nuestro niño expresa. Al hacerlo, estamos sembrando en ellos un equivocado sentido de que se lo merecen todo… Lo que se traduce en que el niño piensa: “Soy, por lo tanto merezco”.

La sociedad actual nos envía el mensaje de que mientras más cosas demos a nuestros hijos, mejores padres somos. Y a los niños se les hace creer que merecen recibir solo por existir.

Vivimos bombardeados por los medios que nos dicen: “Esto es lo nuevo, lo que todos tienen y si no lo tienes tú, no estás a la moda”.  Así que como padres nos sentimos obligados a dar y pronto, pronto, los niños se sienten con derecho a recibir.  Esto se traduce en que los padres dan más de lo que los niños necesitan, e incluso más de lo que realmente pueden pagar.

La idea dResultado de imagen para entitled childrene “Yo merezco” también se siembra cuando alabamos a los niños por cualquier cosa o cuando los premiamos por cosas que deben ser parte de sus actividades cotidianas, como recoger su cuarto, poner la mesa, ir a la escuela, sacar buenas calificaciones. O cuando con tal de no tener un problema con ellos, cedemos ante lo que sea que nos están pidiendo.

No hay nada de malo con premiar o reconocer los logros y la excelencia, pero esto se vuelve un problema cuando se premia o se reconoce algo por lo cual el niño no hace ningún esfuerzo.

Los papás creemos que en lo secreto o con sus amigos, los niños dicen: “Mis papás son geniales. ¡Me compraron unos tenis nuevos!” o “Mis papás me quieren mucho, porque tengo el juguete que quería …” ¡Ja, ja, ja, ja! Nada más lejano de la realidad. Cuando los niños reciben y reciben sin esforzarse o sin ninguna razón aparente, ellos consciente e inconscientemente creen que se lo merecen, que es obligación de los padres, darles lo que ellos quieren.

Los niños que piensan “Yo merezco”, tienen un bajo desempeño en la escuela, muy poca disposición para seguir las reglas y las instrucciones de los adultos, además de baja tolerancia a la frustración.

No digo que nunca hay que darles nada. Sin embargo, la forma en la que les damos a los niños puede desarrollar un sentido de “Yo merezco”, o bien puede ayudarles a desarrollar un sentido de empoderamiento y de propiedad al ganarse las cosas.

Cómo ayudar a nuestros hijos a cambiar la idea de “Yo merezco”

Las siguientes acciones te ayudarán a conectar con tu hijo y a empoderarlo, de manera que él mismo se sienta orgulloso de sus logros y de su pertenencia a su círculo familiar.

  1. Tiempo especial

Los padres de hoy andamos corriendo, ocupados con mil cosas. Esto nos dificulta conectar de verdad con nuestros hijos de maneras significativas.

A veces, puedes sentirte irritado cuando los niños te interrumpen continua e inoportunamente, sin embargo, para ellos son intentos de conectar contigo a un nivel más profundo.

Dedicar a los niños 10 minutos de tiempo especial, donde sean ellos el centro de tus actividades, sin celular, sin televisión, sin distracciones. Esto cargará el tanque emocional de tu hijo, establecerán una conexión más significativa, logrando que su necesidad de pertenencia esté satisfecha.

  1. Retírate de las luchas de poder

¿Has sentido que desde que te convertiste en madre/padre todo son luchas de poder con tu hijo? A todos nos pasa. Los niños quieren algo y probarán nuestros límites. Eso es normal, es parte del desarrollo de los niños. Sin embargo, luchar con ellos no es la respuesta.

Una simple lucha de poder por un dulce, puede convertirse en un conflicto de tipo monumental cuando luchamos contra nuestros hijos. Para una batalla, se necesitan dos. Toma una decisión, mantente firme y deja atrás cualquier lucha de poder. Si tienes duda sobre cómo manejar un berrinche consulta aquí.

  1. Adapta el ambiente de tu casa

El trabajo de la casa nunca para. Quisiéramos tener una varita mágica que recogiera y limpiara todo. Así que un par de manos extra nunca está de más.

A los niños les gusta mucho ayudar, esto les hace sentir incluidos, pertenecidos. Hacer nuestra casa kid-friendly, o sea apta para niños, les empodera y les da la oportunidad de colaborar y ser parte del equipo.

A mí me encantan las vajillas de cerámica, sin embargo, mi esposo y yo lo platicamos y acordamos cambiar nuestra vajilla diaria por una de plástico, que nos permitiera asignarle a nuestra hija la labor de poner la mesa a la hora de la comida y también llevar sus platos al fregadero después de comer.  También hay comida sana a su alcance, por lo que puede servirse sola leche o algún refrigerio, los juguetes están a su nivel, lo que le permite ser responsable de organizarlos.

Revisa tu casa y has los ajustes que requiera para que tu hijo se sienta empoderado.

  1. Dile a tus hijos lo que sí pueden hacer

Todo el día los niños escuchan cosas como: “No te subas”, “No te muevas”, “No vayas”, No.. no.. no.. todo el tiempo. Muchas veces decimos No para mantenerlos seguros, pero otras veces lo hacemos para ahorrar tiempo o lograr que hagan las cosas.

Trata de reformular tus frases de manera que le digas a tu hijo lo que sí puede hacer. Empodéralo para que tome más responsabilidades y que aprenda nuevas tareas ayudándolo a saber lo que tiene que hacer.

  1. Toma tiempo para entrenar

Hay cosas que los niños pueden hacer, pero no los hemos enseñado, como hacer su cama, vestirse solos, doblar la ropa, etc. Mostrarles cómo se hacen las cosas y darnos el tiempo para entrenarlos, les hace sentir confiados, competentes, lo que incrementa su seguridad y su conexión con nosotros.

  1. Permíteles tomar decisiones

Los niños que no tienen permitido tomar decisiones frecuentemente, suelen sentirse frustrados. Otra manera de empoderarlos y devolverles la autonomía. Permíteles escoger cosas como qué ropa ponerse, cómo peinarse, hasta que actividad en la casa quieren realizar.

Tómate el tiempo de empoderar a tu hijo y luego míralo crecer.

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¿Cómo hablar con los niños sobre los tiroteos en escuelas?

Los recientes eventos generan muchas preguntas en los niños (y en los adultos también). ¿Quién haría tal cosa? ¿Por qué? ¿Cómo puedo estar seguro de que no me pasará a mí? ¿Está alguien realmente seguro?

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No hay respuestas fáciles para estas preguntas, pero es importante que como padres tratemos de explicarles lo que ha pasado con la intención de reducir sus miedos y ansiedades relacionadas con su seguridad personal.

Es fundamental alentar a los niños a hablar sobre lo que los perturba, sobre los sentimientos que tienen guardados. No podemos tapar el sol con un dedo, los niños en muchos casos saben sobre lo sucedido, lo comentan y lo piensan. Lo que necesitan es un adulto que les ayude a expresar sus emociones y que les diga que están seguros y que se hará lo necesario para protegerle.

Estas son algunas sugerencias que guiarán a los padres en estas conversaciones difíciles:

  1. Promueva que los niños hablen sobre sus preocupaciones y expresen sus sentimientos. Algunos niños tal vez se sientan temerosos para iniciar una conversación sobre el tema, así que puede iniciar preguntando si se sienten seguros en la escuela. Si se trata de niños pequeños, recuerde ponerse a su nivel, tal vez no entiendan el término violencia, pero puedan identificar si algún compañero les da miedo o es malo con ellos.
  2. Hable honestamente sobre sus propios sentimientos respecto a la violencia escolar. Es importante que los niños sepan que no están lidiando solos con sus sentimientos.
  3. Valide lo sentimientos de los niños. No minimice las preocupaciones de los niños. Hágales saber que la violencia en la escuela no es común y que es por eso que sale tanto en las noticias y redes sociales. Enfatice que las escuelas son lugares seguros.
  4. Empodere a los niños para tomar acciones respecto a la seguridad en la escuela. Aliéntelos a reportar a los maestros eventos específicos (tales como bullying, amenazas o pláticas sobre suicidios). Invítelos a participar en los programas escolares contra la violencia y el bullying.
  5. Conversen sobre los procedimientos de seguridad que se llevan a cabo en su escuela. Explique por qué las visitas se registran al entrar, por qué ciertas puertas permanecen cerradas durante el día o por qué revisan las mochilas. Ayúdele a entender que esas medidas son preventivas y que contribuyen a la seguridad; enfatice la importancia de seguir los procedimientos señalados por la escuela.
  6. Cree planes de seguridad con sus hijos. Ayúdeles a identificar a qué adultos (una secretaria amistosa, una maestra confiable o un administrador) puede acercarse para hablar si en algún momento se siente amenazado en la escuela. También asegúrese que su hijo sabe cómo contactarlo a usted o a otro miembro de la familia en caso de que haya una crisis en la escuela. Recuerde a su hijo que puede hablar con usted en cualquier momento que se sienta amenazado.
  7. Reconozca las conductas que pueden indicar que su hijo está preocupado por ir a la escuela. Los niños más pequeños pueden reaccionar a la violencia rechazando asistir a la escuela o no queriendo participar en actividades escolares. Los preadolescentes y adolescentes pueden tender a minimizar sus preocupaciones, pero pueden volverse retraídos o tener un menor rendimiento académico.
  8. Mantenga el diálogo abierto y asegúrese que los temas de seguridad sean temas frecuentes de conversación y no solo cuando haya una crisis. El diálogo abierto alentará a los niños a compartir lo que sienten.
  9. Busque ayuda cuando crea necesario. Si le preocupa la reacción de su hijo o tiene inquietudes sobre su comportamiento o emociones, contacte a un profesional de la salud mental.

Fuente: National Mental Health Association

El cerebro del niño afligido/estresado/deprimidoadolescente

Los niños afligidos se distinguen por su lamentable habilidad para pedir de otros exactamente lo opuesto a lo que ellos realmente necesitan (L. Tobin).

Conectar con los estudiantes afligidos no es tarea fácil. Muchos de estos jóvenes llegan diariamente a nuestras aulas deprimidos, hostiles, desalentados, desmotivados y enojados.

Detrás de sus muchas veces indignante y provocadora conducta, la vida de estas jóvenes personas se queda corta en alegrías y está llena de desesperación y desesperanza. Su hostilidad y enojo es una manera de no sentir precisamente esa desesperanza, ni esa desesperación.

El Dr. Nicholas Hobbs y sus principios de Re-Educación, escribió sobre la falta de alegría en la vida de los niños afligidos desde 1980, sin embargo nuestro enfoque con ello sigue basado en disciplina, consecuencias, sistemas de recompensa y el tratamiento de una conducta “basada en el dolor”, a través de métodos disciplinarios “basados en dolor”.

Sábete esto sobre esos, tus niños más difíciles… ¡ESTÁN SUFRIENDO!

Tus alumnos más afligidos están sumergidos en el dolor. Hacer el esfuerzo por no ahogarse en él crea niveles increíblemente altos de estrés tóxico.

Niveles de estrés y sus consecuencias

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Cuando el nivel de estrés es demasiado intenso, provoca conductas basadas en el dolor. También sabemos que el efecto repetido del estrés afecta el cerebro.

Veamos lo que el estrés le hace al cerebro:

Cuando se percibe en una situación de estrés el cerebro reduce su marcha. Por lo que rápidamente entra en un modo de supervivencia y responde ya sea congelándose, defendiéndose o huyendo.

La parte pensante del cerebro se apaga y toma control la parte hacedora.

Modelo del cerebro de disciplina consciente modelo-del-cerebro

 El sistema de alerta del cerebro es la amígdala. La amígdala, cómo un Chihuahua, siempre está de guardia y alerta. La amígdala detecta rápidamente los estímulos del exterior y rápidamente decide si es una amenaza o si es peligroso. Siempre está a la bchihuahua.pngúsqueda del peligro.

La amígdala lee los tonos de voz y las expresiones faciales para diferenciar un amigo de un enemigo.

Un estímulo que es percibido como una amenaza es notado por la amígdala la cual moviliza la emoción apropiada. Esta parte del cerebro detona nuestra respuesta de pelear, congelarse o defenderse.

El estrés repetido y abrumador la amígdala y se vuelve híper alerta al peligro. Incluso cuando no existe ninguna amenaza externa presente. Estos jóvenes están persistentemente en estado de alerta.

Actualmente existe una amplia cantidad de investigaciones que apoyan la noción de que los maestros con una adecuada actitud pueden crear relaciones positivas y duraderas con este tipo de alumnos. La investigación sobre resiliencia también es muy clara.

La ruta para crear Alianzas poderosas con los estudiantes en riesgo

Estudios de desarrollo muestran cómo los jóvenes superan exitosamente riesgos y retos, como familias conflictivas, pobreza y desventajas, para convertirse en individuos competentes, confiados y cuidadosos (Werner y Smith, 1992), así como estudiantes exitosos, dichos estudios claramente documentan el poder de los maestros que se interesan por los alumnos y las escuelas que transmiten altas expectativas y proveen oportunidades para que los alumnos se involucren activamente en el proceso de aprendizaje (Higgins, 1994; Masten y Coatsworth, 1998; Rutter, Maughan, Mortimore, Ouston y Smith, 1979; Werner y Smith, 1989, 1992, 2001).

La neurociencia y los chicos afligidos

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Uno de los hallazgos más importantes en la ciencia del cerebro es la neuro-plasticidad, que es lo equivalente cerebralmente a la resiliencia. La neuro-plasticidad es la habilidad del cerebro para crear nuevas rutas. La ciencia nos dice ahora que el cerebro tiene enormes poderes para reestructurarse y compensar hasta los mayores riesgos sociales.

La plasticidad permite que el cerebro se recablee a sí mismo.

El cerebro del adolescente sigue en construcción y no estará totalmente maduro hasta que la persona alcance los veintes. El tiempo es un aliado para el desarrollo de nuevas rutas cerebrales para la autorregulación y el crecimiento. La investigación sobre resiliencia y neurociencia muestran que los adolescentes pueden sobreponerse al trauma y ser más fuertes en el proceso. El número de adultos, fuera de la familia, que se preocupen por el joven puede ser un predictor mayor de éxito para estos jóvenes en riesgo.

Eric Laursen ha escrito los siete hábitos para restablecer relaciones con jóvenes en riesgo:

  1. Confianza
  2. Atención
  3. Empatía
  4. Disponibilidad
  5. Afirmación
  6. Respeto
  7. Vitud

Esta es la ruta que nosotros como maestros y las escuelas necesitamos recorrer con nuestros niños y jóvenes más difíciles.

La confianza es el pegamento que une la enseñanza y el aprendizaje. El primer paso en el proceso de reeducación es ayudar al joven o al niño a hacer una nueva y muy importante distinción, que los adultos son confiables, que pueden ser una fuente predecible de apoyo, comprensión y afecto. (N. Hobbs)

Por Michael Mcknight

 

 

La lectura como muestra de amor

Mother with daughter in the parkMuchos papás me preguntan cómo pueden fomentar la lectura en sus hijos. Me dicen que han intentado todo, que les compran libros, que los ponen a leer, que les miden el tiempo, les cuentan las hojas, se sientan con ellos, seleccionan las mejores lecturas y aún así nada.

Lo que como padres no logramos ver del todo, es que la lectura en casa es más una muestra de amor que una actividad académica. Cuando los adultos  nos tomamos el tiempo de sentarnos con los niños (5, 10, 15 o 20 min) , cuando tomamos un libro y lo disfrutamos con ellos, es uno de los momento más significativos del día. Creamos un vínculo emocional entre ellos y la lectura que los acompañará por el resto de sus vidas.

Formar lectores de corazón requiere inculcar la lectura con intención pero sin presión. Es decir, con la consciencia de la importancia que tiene, pero manteniendo siempre en mente que como padres, la lectura debe ser una muestra de amor que permite crear un espacio de conexión.

Mi hija hoy disfruta de leer conmigo versiones infantiles del Diario de Ana Frank, El Fantasma de la Ópera y Don Quijote, también le gustan los cuentos de princesas y todo libro que tenga que ver con animales. Es una niña  normal, inteligente como todos los niños, para nada una niña genio… lo que sí es que le encantan los libros y no me perdona el cuento antes de dormir. Para mí y para ella estos últimos minutos del día son nuestro espacio, nuestro tiempo especial, donde no hay celular, no hay tele, no hay nadie más, solo ella y yo conectadas a través de la historia que vamos a  leer. ¡Yo lo disfruto y ella también!

Aquí les dejo algunos Tips muy concreto sobre cómo fomentar la lectura en los niños desde la perspectiva del amor y la conexión:

  1. Si tu hijo ya está en edad de saber leer, asegúrate que su rechazo a la lectura no sea por que le cuesta trabajo leer. Cuando a los niños les insistimos en hacer algo que les cuesta trabajo o les hace sentir que no son suficientemente buenos, suelen rechazar fuertemente cualquier cosa relacionada con eso. Si es el caso, busca la ayuda de un especialista en lectoescritura, generalmente estos problemas están relacionados con el método de enseñanza.
  2. Asegúrate que tu hijo tiene acceso a libros. Tengan libros en casa y a la mano dentro del  espacio donde van a leer. Si es posible llévalo a la librería o a la biblioteca, incluso descarga algunos libros electrónicos en tu dispositivo móvil.
  3. No trates de controlar la lectura. Permítele escoger la lectura, todo se vale, comics, novelas gráficas, libros por debajo de su nivel de lectura, todo es bueno. Evita usar ese tiempo para hacerle una evaluación de fluidez lectora.
  4. Busca formar con sus amigos un club de lectura. Si es posible reúnete con otras mamás y creen para los niños un club de lectura donde puedan leer juntos y platicar sobre lo que han leído. Consulta una guía para crear un club de lectura.
  5. Recuerda que como padre eres su porrista, no su crítico de lectura. No te preocupes si no está leyendo Shakespeare, el punto es crear una conexión con tu hijo, abrir un espacio para ustedes y convertir la lectura en una de las mayores muestras de amor. Si tu hijo no lee con fluidez, búscale ayuda, pero no lo hagas sentir mal por algo que además de todo no es su culpa (de esto hablaremos otro día).
  6. La lectura en dispositivos móviles. Si tu lees en dispositivos móviles, muéstrales que estás leyendo y se un ejemplo para ellos. Cuando nos metemos en el celular nadie sabe lo que estamos haciendo, por lo que es importante que si los usamos para leer lo compartamos con ellos. Y por cierto, la lectura en tabletas, celulares, computadora, etc. ¡Sí cuenta! y es importante también incluirla junto con los libros.

El punto más importante, aprende también a disfrutar la lectura, si tu lo haces, ellos también lo harán…

 

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5 estrategias para una disciplina positiva efectiva

La disciplina suele ser utilizada como una herramienta para ejercer control sobre los niños, con la esperanza de que obedecerán todas nuestras órdenes. Utilizar esta forma de disciplina puede tal vez convencer rápidamente a niño de que no quiere experimentar esa horrible sensación de haber hecho algo malo, y por lo tanto se reducen los comportamientos no deseados, aunque sin darnos cuenta nos estemos saltando pasos muy importantes en el desarrollo del niño. Se le ha negado la oportunidad de internalizar la manera correcta de hacer las cosas; de llegar a crear su propia conclusión del por qué no deben comportarse de esa manera. No hay aprendido el arte de la auto disciplina.

Por su puesto que esto no significa que criemos a nuestros hijos en un ambiente carente completamente de límites o expectativas, ser demasiado permisivo puede ser igualmente perjudicial para nuestros hijos ya que pierden la sensación de seguridad que todo niño necesita.

La disciplina positiva propone prácticas respetuosas, amorosas y amables para ayudar a nuestros hijos a internalizar el comportamiento que deseamos ver en ellos.

Después de aplicar disciplina positiva por algunos años y de haber probado muchas cosas que funcionan y otras muchas que no, queremos compartir cinco estrategias que, cuando son usadas efectivamente en combinación y presentadas a nuestros hijos de manera calmada, han sido muy efectivas al ser aplicadas.

  1. Modelar conductas

Cuando modelamos a nuestros hijos un comportamiento amable y generoso, nuestros hijos ven esto y aprenden de ello. Cuando somos persistentes y perseverantes a través de las frustraciones y nos hablamos de manera positiva a nosotros mismos, nuestros hijos aprenden a no gritar cuando no pueden hacer algo. Cuando actuamos amablemente con ellos, incluso cuando hacen algo que nos exaspera, aprenden que la violencia no es la respuesta. Hay muchas cosas que nuestros hijos nos ven hacer todos los días y les mandamos mensajes no solo con palabras, sino también con nuestros actos.

Por ejemplo: Recientemente tuve que seguir las instrucciones para instalar un tanque doble de composta en mi jardín. Tuve momentos en los que fue difícil hacerlo, cometí errores y me frustré. Quería gritar y maldecir, pero consciente de la presencia de mis hijos, verbalicé: “Me estoy sintiendo frustrada porque no puedo armar estos tanques. Sé que puedo hacer esto, así que tomaré unas respiraciones, contaré hasta 10 en mi cabeza y lo intentaré nuevamente”. Cuando volví a intentarlo me dije a mi misma mientras me esforzaba por armar los tanques: “Esto es muy difícil, pero sé que puedo hacerlo. Solo tengo que apretar aquí un poquito más. ¡Listo! ¡Lo hice!

  1. Establecer límites

Los niños necesitan saber que existen límites. Ellos no pueden saber automáticamente que jalar la cola del gato es inaceptable, necesitan que nosotros no solamente les digamos que no les permitiremos hacerlo, sino que también los detengamos físicamente cuando ellos parecen incapaces de detenerse por sí mismos.

Cualquier comportamiento que no es apropiado en la casa o en la calle necesita que se establezca un límite apropiado para la edad y nivel de comprensión del niño. Por ejemplo, no sería apropiado esperar que un niño no grite en público si está realmente enojado, pues no ha desarrollado totalmente su capacidad para regular emociones, pero sí sería razonable esperar que no tomara cosas de los estantes de la tienda y probablemente necesitarían límites verbales y físicos (como tomar su mano, alejarlos de los estantes o ponerlos en el carrito con clara comunicación previa y durante la acción) para ayudarlo a detenerse.

Por ejemplo: Si un niño empieza a jalar cosas de un estante le explicaríamos: “No te permitiré jalar cosas de los estantes” y amablemente detendríamos sus manos. Si persistiera retando el límite de diríamos: “Veo que estás teniendo problemas para dejar las cosas en los estantes, así que voy a ayudarte”. Le ofreceríamos una opción si es posible: “¿Te gustaría sentarte en el carrito o ayudarme a empujarlo?” Si decide empujar el carrito pero regresa a los estantes, le diríamos: “Veo que realmente te gusta jalar las cosas de los estantes. No puedo dejarte hacer eso. Voy a levantarte y te pondré en el carrito”. Luego hazlo, reconociendo sus llantos, pero siendo firme con el límite.

Cuando establecemos límites para nuestros hijos asegurémonos de hacerlo con calma y claridad. Si somos ambiguos o nos frustramos o enojamos, es desconcertante para los niños y los invitará a probar nuestros límites una y otra vez como una forma de probar nuestra habilidad para ser los padres fuertes y confiados que ellos necesitan.

También necesitamos estar preparados para reforzar pacientemente los límites repetidamente ya que nuestros hijos los probarán constantemente en diferentes circunstancias para comprobar que los límites siguen.

  1. Establecer un ambiente que promueva el éxito

Es importante que durante los primeros años del niño, en la etapa de exploración, se les dé un cierto nivel de libertad para engancharse completamente en su ambiente. Esto significa que cualquier encuentro dentro de su ambiente es potencialmente una oportunidad de juego libre para ellos. Si no queremos que nuestros hijos vacíen los cajones, saquen las toallas, jalen el papel de baño, entonces no debemos darles acceso a esos lugares o debemos estar preparados para detenerlos si lo hacen.

Frustrarnos porque les hemos dicho 15 veces que no saquen las cosas de los cajones no es justo para ellos. Después de hacer esto 1 o 2 veces, como padres, debemos tomar medidas para ayudarles a tener éxito como seguros en los cajones, o cambiar de lugar los utensilios.

  1. Prevenir los comportamientos antes de que ocurran

De la misma manera que tener un ambiente seguro ayuda a prevenir comportamientos no deseados, ser un padre proactivo y predecir los comportamientos de manera que sea posible estar presente para prevenirlos es vital. Muchos de nosotros conocemos las inclinaciones de nuestros hijos, ya sea que muerdan, peguen, avienten juguetes o rompan libros, frecuente, estos comportamientos suceden más de una vez.

Al reconocer un patrón de comportamiento en nuestros hijos eso nos indica claramente cuando necesitan ayuda, necesitamos dar un paso adelante y estar más al pendiente y más presentes cuando nuestros hijos están en riesgo de engancharse con estos comportamientos. Esto podría ser estar cerca cuando nuestros hijos juegan con otros niños para prevenir que muerda o pegue, o ayudar a nuestro hijo cuando parece que va a arrancar una hoja de un libro que están leyendo, retirándole respetuosamente el libro y ofreciéndole otra cosa.

  1. Consecuencias lógicas o naturales

Las consecuencias de ciertos comportamientos pueden ser algunas veces apropiadas. Es importante que escojamos consecuencias relevantes al comportamiento indeseado. Esto es conocido como consecuencia lógica.

Por ejemplo, si un niño ha tirado un plato de comida sobre la mesa, una consecuencia lógica es que la cena se le retire y/o ayude a limpiar lo que se tiró (dependiendo de la edad). No sería lógico, sin embargo, quitarle su juguete favorito y mandarlo a su cuarto como resultado de esta acción.

No todas las acciones que realiza nuestro hijo requieren una consecuencia. Muchos comportamientos como morder y pegar deben ser, en medida de lo posible, prevenidos utilizando las estrategias mencionadas arriba. Si es apropiado el niño debe ayudarnos a traer un poco de hielo para el niño que fue lastimado de manera que puedan participar en la reparación del daño.

Frecuentemente el mal comportamiento de un niño es una señal para nosotros de que necesitan algo. Puede ser algo tan sencillo como comida, agua o dormir, o puede ser que necesiten más conexión con nosotros. Por eso es importante que nuestras reacciones a su comportamiento no profundicen sus sentimientos de dolor o aislamiento. Pasar un poco más de tiempo con ellos en momentos difíciles, mostrarles comprensión y reconocimiento de sus sentimientos, todo esto acompañado de permitir al niño probar los límites e incrementar su sentimiento de contento general.

La disciplina tiene que ver más con nosotros que con ellos

Por  Janet Lansbury

janetlansbury.com

 

El secreto para criar niños que generalmente cooperan con nuestras reglas y dirección tiene muy poco que ver con estrategias específicas o juegos de palabras como “No te voy a permitir” vs “No pegues”. Lo que importa más – y esencialmente hace que guiar a los niños sea posible – es la manera en la que percibimos a nuestros hijos y nuestra actitud general respecto a los límites y la disciplina.

La buena noticia es que una vez que estás percepciones están en función podemos cometer muchos errores y aun así casi nunca estaremos equivocados.

Trátalos como personas

Hace diecisiete años fui invitada a participar en una sesión introductoria en un seminario de paternidad dirigido por Mary Hartzel, autor del libro Parenting From the Inside Out y directora de un preescolar. Recuerdo poco sobre el discurso deMary, excepto que estaba de acuerdo con su planteamiento. Lo que recuerdo vívidamente es que cuando llegó el tiempo de preguntas y respuestas fue como si una presa se hubiera roto, un torrente de preguntas surgió de la audiencia y todas ellas empezaban con: ¿Cómo hago que mi hijo….?

Los padres querían hacer que sus preescolares se cepillaran los dientes, recogieran sus juguetes, aprendieran a ir al baño, se fueran del parque o dejaran de pegar, empujar, morder, escupir, etc. Fue claro que por el tono de sus preguntas, especialmente por el uso de las palabras “hacer que”, que muchos de los padres tomaron un mal camino. Estaban viendo estos problemas con una actitud de “nosotros y ellos” en lugar de tener una perspectiva de trabajo en equipo. Estaba buscando soluciones rápidas, trucos y tácticas de manipulación en lugar de crear una relación persona a persona, amable y de respeto mutuo que hace la disciplina (y cualquier otro aspecto de la paternidad) mucho más simple y más satisfactorio.

Los bebés son personas sensibles y conscientes desde el momento en que nacen, listos para empezar una relación honesta y comunicativa. A través de nuestra relación respetuosa con ellos, los niños de todas las edades están mucho más inclinados a escuchar y cooperar.

Por otro lado, tratar de “hacer que” las personas en nuestra vida hagan las cosas que queremos hacer raramente funciona más de una o dos veces, y no hace que mejore la relación entre ellos y nosotros, ni les estamos enseñando nada. Presentarnos a nosotros mismos como el líder gentil que guía, modela, demuestra, ayuda a nuestros niños a comportarse adecuadamente es la guía para la disciplina.

Redefine el tiempo de calidad

La forma en que yo lo veo, los padres debemos usar dos sombreros: uno de fiesta y uno profesional. Cuando estamos de fiesta disfrutamos a nuestros hijos, nos sentimos conectados, amados y contentos. Es fácil reconocer esto como tiempo de calidad.

Usar el sombrero profesional no es tan divertido, pero tampoco debe ser tan intenso. Yo les pido a los padres con los que trabajo que reimaginen el tiempo de calidad para incluir esos momentos en los que estamos tranquila y firmemente enfrentando la resistencia de nuestro hijo para ir a la cama, previniendo firmemente que le pegue al perro, o pacientemente cuidando a nuestro hijo en situaciones donde ha colapsado y perdido el control de sus emociones para que puedan expresarlas de manera segura en nuestra presencia.

¿Colapsos y establecimiento de límites son tiempo de calidad? ¿Qué? Ya sé que esto suena contrario a la lógica, pero desde la perspectiva de nuestro hijo, tengan la certeza de que esto es cierto.

Las veces en las que debemos usar nuestro sobrero profesional son tal vez los momentos más preciados y de mayor tiempo de calidad, porque los niños necesitan nuestro liderazgo empático más de lo que necesitan que seamos sus compañeros de juego o sus más grandes fans. Creo firmemente que nuestros hijos se dan cuenta de qué tan difícil es para nosotros usar este sombrero con gracia, y probarán nuestros límites para ver si pueden tirarnos el sombrero.

Acoger la idea de que este tiempo “profesional” también es tiempo de calidad es especialmente crucial para padres que trabajan, o para aquellos con más de un hijo o con padres que por alguna razón no tienen tanto tiempo para pasar con sus hijos como ellos quisieran, ya sea de manera rutinaria o solo en un día en particular.

Claro que todos preferiríamos pasar el poco tiempo que tenemos juntos estando contentos, pero la mayor parte de las veces esa no es la dinámica que nuestros hijos necesitan de nosotros. Necesitan ser capaces de quejarse, resistirse, zapatear fuerte, llorar, expresar sus sentimientos, con la confianza de que tienen nuestra aceptación y reconocimiento. Necesitan saber que tienen un líder que les ayudará a cumplir las reglas y los límites y que no será intimidado por su descontento o desacuerdo.

Necesitan padres que sean líderes capaces (tan capaces que de hecho lo hagan parecer fácil), no solo en los buenos tiempos, personas que ellos puedan sentir en lo más profundo de su ser que tienen sus intereses, salud y carácter como prioridad.

Una de mis mayores inspiraciones como un educador es crear un cambio en nuestra percepción sobre disciplina, fronteras y límites – ayudar a transformar esto de negativo a positivo. Cuando las fronteras y los límites son ofrecidos en un contexto no punitivo con empatía y respeto, son regalos de los que nos debemos sentir orgullosos, una de las más grandes formas de amor. Una vez que esto se reconoce, estoy convencida de que los padres y los niños lucharán mucho menos y se disfrutarán mutuamente mucho más.

Janet Lansbury

10 formas de proteger a tu hijo del bulling

El bullying es definido como una conducta agresiva en la que un niño o adolescente utiliza un poder percibido o real, ya sea la fuerza física, el acceso a información vergonzosa o popularidad, para controlar o lastimar a otros niños.

¿Realmente puedes proteger a tu hijo del bulling? Desafortunadamente no. Siempre ha habido gente que lastima a otros, tu hijo se encontrará eventualmente con algunos de ellos. Todos los niños quieren hacer las cosas a su forma, lo que significa que algunas veces abusarán de su poder, eso es normal en términos de su desarrollo y se sufre poco en los contextos en donde también se desarrolla la empatía. Tu meta no debe ser aislar a tu hijo, sino apoyarlo para desarrollar la consciencia y las habilidades para protegerse a sí mismo cuando sea necesario, y a buscar ayuda cuando las cosas se agraven.

El bulling empieza en preescolar y va aumentando conforme los niños van creciendo. Dependiendo de la encuesta que leas, entre el 40 y el 80 por ciento de ls niños de primaria admiten haber ejercido el bulling. El bulling no solamente se está generalizando, con la aparición de los medios de comunicación se ha convertido en algo psicológicamente muy peligroso, tanto que niños han cometido suicidio a causa del bulling,

Esas son las malas noticias. La buena noticia es que puedes ayudar a tu hijo a desarrollar habilidades para defenderse de quien lo agrede y puedes evitar que él agreda a alguien. ¿Cómo?

  1. Modela cómo es una relación compasiva y respetuosa desde que tu hijo es pequeño. La forma más efectiva de evitar que un niño sea agredido o se convierta en agresor, es asegurarse que crezcan en una relación de amor, más que en una donde se utilice el poder o la fuerza para controlarle. Los niños aprenden dos lados de toda relación y pueden actuar de cualquiera de ellos. Si le pegas, tu hijo aprenderá que la violencia física es la forma de responder a los problemas interpersonales. Si tus métodos de disciplina usen el poder sobre tu hijo, el aprenderá a usar el poder sobre otros, o dejar que otros usen su poder sobre él.
  2. Mantente conectado con tu hijo en las buenas y en las malas. Los niños solitarios son más propensos a ser agredidos. Recuerda, la paternidad el 90% conexión (tener una relación cercana con tu hijo) y 10% guía. La guía no funcionará a menos que tengas una relación cercana que la respalde. Mantén las líneas de comunicación abiertas permanentemente, sin importar lo que suceda.
  3. Modela una actitud de confianza con otras personas. Si tiendes a echarte para atrás fácilmente con tal de evitar una escena, pero después de sientes humillado, es tiempo de cambiar eso. Tu hijo está aprendiendo de ti cómo comportarse. Experimente con encontrar nuevas formas de satisfacer tus necesidades o derechos mientras te mantienes respetuoso hacia otras personas.
  4. Enseña a tu hijo a usar la autoafirmación respetuosa. Los niños deben aprender que pueden tener satisfechas sus necesidades al mismo tiempo que son respetuosos con otras s personas. Dale vocabulario que puede utilizar desde una edad temprana:
  • Es mi turno o ahora.
  • Quiero un turno.
  • No está bien lastimar.
  • No me gusta que me llames así. Quiero que me llames por mi nombre.
  1. Enseña a tu hijo habilidades sociales básicas. Desafortunadamente los agresores atacan a niños que son percibidos como vulnerables. Si tienes un hijo que tiene bajas habilidades sociales, conviértete en na prioridad apoyar a tu hijo y desarrollar en él las habilidades mencionadas en este artículo. Haz un juego de roles donde practiquen en asa como unirse a un juego, presentarse a otros niños en una fiesta o iniciar a platicar con otros niños. Es un hecho que los niños que pueden unirse a grupos de manera exitosa, generalmente observan primero y luego encuentran una forma de unirse al grupo, más que solo unirse sin evaluar. Algunas veces los niños buscan tanto la aceptación de los demás que continúan juntándose con un grupo en donde hay alguien que lo maltrata. Si sospechas que ti hijo puede ser vulnerable, escucha lo que tiene que decir sobre sus interacciones con sus compañeros para ayudarle a encontrar su sabiduría interior y trabajar con él para construir formas de crear relaciones saludables.
  2. Enseña a tu hijo técnicas básicas para evitar la agresión. Los agresores operan cuando los adultos no están p presentes, así que si tu hijo ha sido agredido, debe evitar estar sin supervisión en los pasillos, baños u otras áreas de la escuela. Sentarse hasta adelante en el camión escolar, estar con otros compañeros durante el receso, son buenas estrategias para evitar la agresión.
  3. Enseña a tu hijo que no hay de qué avergonzarse por estar asustado por un agresor, por huir o por pedir ayuda a un adulto. Las agresiones pueden escalar, salvar la reputación es mucho menos importante que salvar su vida.
  4. Enseña a tus hijos a intervenir cuando identifiquen que alguien está siendo agredido. Cuando los niños que están cerca cuando se comente la agresión intervienen correctamente, los estudios indican que pueden detener el evento la mitad de las veces en los primeros 10 segundos.

Las formas de intervenir:

Aliarse con la víctima y quitarla del peligro. Ve y párate junto a la víctima, voltéala y camina con él en otra dirección en busca de la ayuda de un adulto. Di “te ves alterado” o “Te he estado buscando” o “La maestra me mandó a buscarte”.

Ve por ayuda. A los agresores les encanta tener audiencia. Trae a otros niños diciendo “Necesitamos su ayuda”. Confronta al agresor: “Has sido cruel”. Luego vete diciendo “Vámonos”.

Y por supuesto, si todos están preocupados por la seguridad, llamen inmediatamente a la maestra.

  1. Enseña a tu hijo a manejar la provocación y la agresión por medio del juego de roles. Las investigaciones muestra que el bulling empieza con el acoso verbal. Cómo la “víctima” responde ante esto determina si el agresor continuará o no atacando a este niño en particular. Si le da al agresor lo que quiere, una sensación de poder, la agresión generalmente escalará. Es imperativo discutir esto con tu hijo antes de que se agredido, para que pueda defenderse a sí mismo desde la primera vez que alguien intente agredirlo.

Hagan un juego de roles sobre cómo puede defenderse. Señálale que el agresor quiere provocar que dé e una respuesta que le haga sentir poderoso, por lo que mostrar tus emociones o pelar son exactamente lo que está buscando. Así que en cada interacción la forma en la que responda determinará si la situación aumenta o disminuye.

La mejor estrategia es siempre mantener la dignidad propia y dejar que el agresor mantenga su dignidad, en otras palabras no atacar o rebajar a la otra persona. Para hacer esto, simplemente di:

  • “Sabes, solo voy a ignorar tu comentario”.
  • “Creo que tengo otra cosa que hacer”.
  • “No gracias”.

Luego vete.

Enseña a tu hijo a contar hasta 10 para mantener la calma, mirar al agresor a los ojos y decir alguna de las frases de arriba. Practiquen hasta que tu hijo tenga un todo fuerte y confiado.

10. No lo dudes, intervén. Tu trabajo como padre es proteger a tu hijo. Eso significa que además de enseñarle lo mencionado anteriormente, deberás hablar con la maestra o el director de la escuela. No le des a tu hijo el mensaje de que está solo ante esto. No asumas que si no es violencia física, no pasa nada. Si la escuela no puede proteger a tu hijo, considera transferirlo a otra, incluso contempla la educación en casa.

Aha! Parenting. Dr. Laura Markha