Archivos Mensuales: enero 2015

5 estrategias para una disciplina positiva efectiva

La disciplina suele ser utilizada como una herramienta para ejercer control sobre los niños, con la esperanza de que obedecerán todas nuestras órdenes. Utilizar esta forma de disciplina puede tal vez convencer rápidamente a niño de que no quiere experimentar esa horrible sensación de haber hecho algo malo, y por lo tanto se reducen los comportamientos no deseados, aunque sin darnos cuenta nos estemos saltando pasos muy importantes en el desarrollo del niño. Se le ha negado la oportunidad de internalizar la manera correcta de hacer las cosas; de llegar a crear su propia conclusión del por qué no deben comportarse de esa manera. No hay aprendido el arte de la auto disciplina.

Por su puesto que esto no significa que criemos a nuestros hijos en un ambiente carente completamente de límites o expectativas, ser demasiado permisivo puede ser igualmente perjudicial para nuestros hijos ya que pierden la sensación de seguridad que todo niño necesita.

La disciplina positiva propone prácticas respetuosas, amorosas y amables para ayudar a nuestros hijos a internalizar el comportamiento que deseamos ver en ellos.

Después de aplicar disciplina positiva por algunos años y de haber probado muchas cosas que funcionan y otras muchas que no, queremos compartir cinco estrategias que, cuando son usadas efectivamente en combinación y presentadas a nuestros hijos de manera calmada, han sido muy efectivas al ser aplicadas.

  1. Modelar conductas

Cuando modelamos a nuestros hijos un comportamiento amable y generoso, nuestros hijos ven esto y aprenden de ello. Cuando somos persistentes y perseverantes a través de las frustraciones y nos hablamos de manera positiva a nosotros mismos, nuestros hijos aprenden a no gritar cuando no pueden hacer algo. Cuando actuamos amablemente con ellos, incluso cuando hacen algo que nos exaspera, aprenden que la violencia no es la respuesta. Hay muchas cosas que nuestros hijos nos ven hacer todos los días y les mandamos mensajes no solo con palabras, sino también con nuestros actos.

Por ejemplo: Recientemente tuve que seguir las instrucciones para instalar un tanque doble de composta en mi jardín. Tuve momentos en los que fue difícil hacerlo, cometí errores y me frustré. Quería gritar y maldecir, pero consciente de la presencia de mis hijos, verbalicé: “Me estoy sintiendo frustrada porque no puedo armar estos tanques. Sé que puedo hacer esto, así que tomaré unas respiraciones, contaré hasta 10 en mi cabeza y lo intentaré nuevamente”. Cuando volví a intentarlo me dije a mi misma mientras me esforzaba por armar los tanques: “Esto es muy difícil, pero sé que puedo hacerlo. Solo tengo que apretar aquí un poquito más. ¡Listo! ¡Lo hice!

  1. Establecer límites

Los niños necesitan saber que existen límites. Ellos no pueden saber automáticamente que jalar la cola del gato es inaceptable, necesitan que nosotros no solamente les digamos que no les permitiremos hacerlo, sino que también los detengamos físicamente cuando ellos parecen incapaces de detenerse por sí mismos.

Cualquier comportamiento que no es apropiado en la casa o en la calle necesita que se establezca un límite apropiado para la edad y nivel de comprensión del niño. Por ejemplo, no sería apropiado esperar que un niño no grite en público si está realmente enojado, pues no ha desarrollado totalmente su capacidad para regular emociones, pero sí sería razonable esperar que no tomara cosas de los estantes de la tienda y probablemente necesitarían límites verbales y físicos (como tomar su mano, alejarlos de los estantes o ponerlos en el carrito con clara comunicación previa y durante la acción) para ayudarlo a detenerse.

Por ejemplo: Si un niño empieza a jalar cosas de un estante le explicaríamos: “No te permitiré jalar cosas de los estantes” y amablemente detendríamos sus manos. Si persistiera retando el límite de diríamos: “Veo que estás teniendo problemas para dejar las cosas en los estantes, así que voy a ayudarte”. Le ofreceríamos una opción si es posible: “¿Te gustaría sentarte en el carrito o ayudarme a empujarlo?” Si decide empujar el carrito pero regresa a los estantes, le diríamos: “Veo que realmente te gusta jalar las cosas de los estantes. No puedo dejarte hacer eso. Voy a levantarte y te pondré en el carrito”. Luego hazlo, reconociendo sus llantos, pero siendo firme con el límite.

Cuando establecemos límites para nuestros hijos asegurémonos de hacerlo con calma y claridad. Si somos ambiguos o nos frustramos o enojamos, es desconcertante para los niños y los invitará a probar nuestros límites una y otra vez como una forma de probar nuestra habilidad para ser los padres fuertes y confiados que ellos necesitan.

También necesitamos estar preparados para reforzar pacientemente los límites repetidamente ya que nuestros hijos los probarán constantemente en diferentes circunstancias para comprobar que los límites siguen.

  1. Establecer un ambiente que promueva el éxito

Es importante que durante los primeros años del niño, en la etapa de exploración, se les dé un cierto nivel de libertad para engancharse completamente en su ambiente. Esto significa que cualquier encuentro dentro de su ambiente es potencialmente una oportunidad de juego libre para ellos. Si no queremos que nuestros hijos vacíen los cajones, saquen las toallas, jalen el papel de baño, entonces no debemos darles acceso a esos lugares o debemos estar preparados para detenerlos si lo hacen.

Frustrarnos porque les hemos dicho 15 veces que no saquen las cosas de los cajones no es justo para ellos. Después de hacer esto 1 o 2 veces, como padres, debemos tomar medidas para ayudarles a tener éxito como seguros en los cajones, o cambiar de lugar los utensilios.

  1. Prevenir los comportamientos antes de que ocurran

De la misma manera que tener un ambiente seguro ayuda a prevenir comportamientos no deseados, ser un padre proactivo y predecir los comportamientos de manera que sea posible estar presente para prevenirlos es vital. Muchos de nosotros conocemos las inclinaciones de nuestros hijos, ya sea que muerdan, peguen, avienten juguetes o rompan libros, frecuente, estos comportamientos suceden más de una vez.

Al reconocer un patrón de comportamiento en nuestros hijos eso nos indica claramente cuando necesitan ayuda, necesitamos dar un paso adelante y estar más al pendiente y más presentes cuando nuestros hijos están en riesgo de engancharse con estos comportamientos. Esto podría ser estar cerca cuando nuestros hijos juegan con otros niños para prevenir que muerda o pegue, o ayudar a nuestro hijo cuando parece que va a arrancar una hoja de un libro que están leyendo, retirándole respetuosamente el libro y ofreciéndole otra cosa.

  1. Consecuencias lógicas o naturales

Las consecuencias de ciertos comportamientos pueden ser algunas veces apropiadas. Es importante que escojamos consecuencias relevantes al comportamiento indeseado. Esto es conocido como consecuencia lógica.

Por ejemplo, si un niño ha tirado un plato de comida sobre la mesa, una consecuencia lógica es que la cena se le retire y/o ayude a limpiar lo que se tiró (dependiendo de la edad). No sería lógico, sin embargo, quitarle su juguete favorito y mandarlo a su cuarto como resultado de esta acción.

No todas las acciones que realiza nuestro hijo requieren una consecuencia. Muchos comportamientos como morder y pegar deben ser, en medida de lo posible, prevenidos utilizando las estrategias mencionadas arriba. Si es apropiado el niño debe ayudarnos a traer un poco de hielo para el niño que fue lastimado de manera que puedan participar en la reparación del daño.

Frecuentemente el mal comportamiento de un niño es una señal para nosotros de que necesitan algo. Puede ser algo tan sencillo como comida, agua o dormir, o puede ser que necesiten más conexión con nosotros. Por eso es importante que nuestras reacciones a su comportamiento no profundicen sus sentimientos de dolor o aislamiento. Pasar un poco más de tiempo con ellos en momentos difíciles, mostrarles comprensión y reconocimiento de sus sentimientos, todo esto acompañado de permitir al niño probar los límites e incrementar su sentimiento de contento general.

La disciplina tiene que ver más con nosotros que con ellos

Por  Janet Lansbury

janetlansbury.com

 

El secreto para criar niños que generalmente cooperan con nuestras reglas y dirección tiene muy poco que ver con estrategias específicas o juegos de palabras como “No te voy a permitir” vs “No pegues”. Lo que importa más – y esencialmente hace que guiar a los niños sea posible – es la manera en la que percibimos a nuestros hijos y nuestra actitud general respecto a los límites y la disciplina.

La buena noticia es que una vez que estás percepciones están en función podemos cometer muchos errores y aun así casi nunca estaremos equivocados.

Trátalos como personas

Hace diecisiete años fui invitada a participar en una sesión introductoria en un seminario de paternidad dirigido por Mary Hartzel, autor del libro Parenting From the Inside Out y directora de un preescolar. Recuerdo poco sobre el discurso deMary, excepto que estaba de acuerdo con su planteamiento. Lo que recuerdo vívidamente es que cuando llegó el tiempo de preguntas y respuestas fue como si una presa se hubiera roto, un torrente de preguntas surgió de la audiencia y todas ellas empezaban con: ¿Cómo hago que mi hijo….?

Los padres querían hacer que sus preescolares se cepillaran los dientes, recogieran sus juguetes, aprendieran a ir al baño, se fueran del parque o dejaran de pegar, empujar, morder, escupir, etc. Fue claro que por el tono de sus preguntas, especialmente por el uso de las palabras “hacer que”, que muchos de los padres tomaron un mal camino. Estaban viendo estos problemas con una actitud de “nosotros y ellos” en lugar de tener una perspectiva de trabajo en equipo. Estaba buscando soluciones rápidas, trucos y tácticas de manipulación en lugar de crear una relación persona a persona, amable y de respeto mutuo que hace la disciplina (y cualquier otro aspecto de la paternidad) mucho más simple y más satisfactorio.

Los bebés son personas sensibles y conscientes desde el momento en que nacen, listos para empezar una relación honesta y comunicativa. A través de nuestra relación respetuosa con ellos, los niños de todas las edades están mucho más inclinados a escuchar y cooperar.

Por otro lado, tratar de “hacer que” las personas en nuestra vida hagan las cosas que queremos hacer raramente funciona más de una o dos veces, y no hace que mejore la relación entre ellos y nosotros, ni les estamos enseñando nada. Presentarnos a nosotros mismos como el líder gentil que guía, modela, demuestra, ayuda a nuestros niños a comportarse adecuadamente es la guía para la disciplina.

Redefine el tiempo de calidad

La forma en que yo lo veo, los padres debemos usar dos sombreros: uno de fiesta y uno profesional. Cuando estamos de fiesta disfrutamos a nuestros hijos, nos sentimos conectados, amados y contentos. Es fácil reconocer esto como tiempo de calidad.

Usar el sombrero profesional no es tan divertido, pero tampoco debe ser tan intenso. Yo les pido a los padres con los que trabajo que reimaginen el tiempo de calidad para incluir esos momentos en los que estamos tranquila y firmemente enfrentando la resistencia de nuestro hijo para ir a la cama, previniendo firmemente que le pegue al perro, o pacientemente cuidando a nuestro hijo en situaciones donde ha colapsado y perdido el control de sus emociones para que puedan expresarlas de manera segura en nuestra presencia.

¿Colapsos y establecimiento de límites son tiempo de calidad? ¿Qué? Ya sé que esto suena contrario a la lógica, pero desde la perspectiva de nuestro hijo, tengan la certeza de que esto es cierto.

Las veces en las que debemos usar nuestro sobrero profesional son tal vez los momentos más preciados y de mayor tiempo de calidad, porque los niños necesitan nuestro liderazgo empático más de lo que necesitan que seamos sus compañeros de juego o sus más grandes fans. Creo firmemente que nuestros hijos se dan cuenta de qué tan difícil es para nosotros usar este sombrero con gracia, y probarán nuestros límites para ver si pueden tirarnos el sombrero.

Acoger la idea de que este tiempo “profesional” también es tiempo de calidad es especialmente crucial para padres que trabajan, o para aquellos con más de un hijo o con padres que por alguna razón no tienen tanto tiempo para pasar con sus hijos como ellos quisieran, ya sea de manera rutinaria o solo en un día en particular.

Claro que todos preferiríamos pasar el poco tiempo que tenemos juntos estando contentos, pero la mayor parte de las veces esa no es la dinámica que nuestros hijos necesitan de nosotros. Necesitan ser capaces de quejarse, resistirse, zapatear fuerte, llorar, expresar sus sentimientos, con la confianza de que tienen nuestra aceptación y reconocimiento. Necesitan saber que tienen un líder que les ayudará a cumplir las reglas y los límites y que no será intimidado por su descontento o desacuerdo.

Necesitan padres que sean líderes capaces (tan capaces que de hecho lo hagan parecer fácil), no solo en los buenos tiempos, personas que ellos puedan sentir en lo más profundo de su ser que tienen sus intereses, salud y carácter como prioridad.

Una de mis mayores inspiraciones como un educador es crear un cambio en nuestra percepción sobre disciplina, fronteras y límites – ayudar a transformar esto de negativo a positivo. Cuando las fronteras y los límites son ofrecidos en un contexto no punitivo con empatía y respeto, son regalos de los que nos debemos sentir orgullosos, una de las más grandes formas de amor. Una vez que esto se reconoce, estoy convencida de que los padres y los niños lucharán mucho menos y se disfrutarán mutuamente mucho más.

Janet Lansbury