Archivos Mensuales: octubre 2014

10 formas de proteger a tu hijo del bulling

El bullying es definido como una conducta agresiva en la que un niño o adolescente utiliza un poder percibido o real, ya sea la fuerza física, el acceso a información vergonzosa o popularidad, para controlar o lastimar a otros niños.

¿Realmente puedes proteger a tu hijo del bulling? Desafortunadamente no. Siempre ha habido gente que lastima a otros, tu hijo se encontrará eventualmente con algunos de ellos. Todos los niños quieren hacer las cosas a su forma, lo que significa que algunas veces abusarán de su poder, eso es normal en términos de su desarrollo y se sufre poco en los contextos en donde también se desarrolla la empatía. Tu meta no debe ser aislar a tu hijo, sino apoyarlo para desarrollar la consciencia y las habilidades para protegerse a sí mismo cuando sea necesario, y a buscar ayuda cuando las cosas se agraven.

El bulling empieza en preescolar y va aumentando conforme los niños van creciendo. Dependiendo de la encuesta que leas, entre el 40 y el 80 por ciento de ls niños de primaria admiten haber ejercido el bulling. El bulling no solamente se está generalizando, con la aparición de los medios de comunicación se ha convertido en algo psicológicamente muy peligroso, tanto que niños han cometido suicidio a causa del bulling,

Esas son las malas noticias. La buena noticia es que puedes ayudar a tu hijo a desarrollar habilidades para defenderse de quien lo agrede y puedes evitar que él agreda a alguien. ¿Cómo?

  1. Modela cómo es una relación compasiva y respetuosa desde que tu hijo es pequeño. La forma más efectiva de evitar que un niño sea agredido o se convierta en agresor, es asegurarse que crezcan en una relación de amor, más que en una donde se utilice el poder o la fuerza para controlarle. Los niños aprenden dos lados de toda relación y pueden actuar de cualquiera de ellos. Si le pegas, tu hijo aprenderá que la violencia física es la forma de responder a los problemas interpersonales. Si tus métodos de disciplina usen el poder sobre tu hijo, el aprenderá a usar el poder sobre otros, o dejar que otros usen su poder sobre él.
  2. Mantente conectado con tu hijo en las buenas y en las malas. Los niños solitarios son más propensos a ser agredidos. Recuerda, la paternidad el 90% conexión (tener una relación cercana con tu hijo) y 10% guía. La guía no funcionará a menos que tengas una relación cercana que la respalde. Mantén las líneas de comunicación abiertas permanentemente, sin importar lo que suceda.
  3. Modela una actitud de confianza con otras personas. Si tiendes a echarte para atrás fácilmente con tal de evitar una escena, pero después de sientes humillado, es tiempo de cambiar eso. Tu hijo está aprendiendo de ti cómo comportarse. Experimente con encontrar nuevas formas de satisfacer tus necesidades o derechos mientras te mantienes respetuoso hacia otras personas.
  4. Enseña a tu hijo a usar la autoafirmación respetuosa. Los niños deben aprender que pueden tener satisfechas sus necesidades al mismo tiempo que son respetuosos con otras s personas. Dale vocabulario que puede utilizar desde una edad temprana:
  • Es mi turno o ahora.
  • Quiero un turno.
  • No está bien lastimar.
  • No me gusta que me llames así. Quiero que me llames por mi nombre.
  1. Enseña a tu hijo habilidades sociales básicas. Desafortunadamente los agresores atacan a niños que son percibidos como vulnerables. Si tienes un hijo que tiene bajas habilidades sociales, conviértete en na prioridad apoyar a tu hijo y desarrollar en él las habilidades mencionadas en este artículo. Haz un juego de roles donde practiquen en asa como unirse a un juego, presentarse a otros niños en una fiesta o iniciar a platicar con otros niños. Es un hecho que los niños que pueden unirse a grupos de manera exitosa, generalmente observan primero y luego encuentran una forma de unirse al grupo, más que solo unirse sin evaluar. Algunas veces los niños buscan tanto la aceptación de los demás que continúan juntándose con un grupo en donde hay alguien que lo maltrata. Si sospechas que ti hijo puede ser vulnerable, escucha lo que tiene que decir sobre sus interacciones con sus compañeros para ayudarle a encontrar su sabiduría interior y trabajar con él para construir formas de crear relaciones saludables.
  2. Enseña a tu hijo técnicas básicas para evitar la agresión. Los agresores operan cuando los adultos no están p presentes, así que si tu hijo ha sido agredido, debe evitar estar sin supervisión en los pasillos, baños u otras áreas de la escuela. Sentarse hasta adelante en el camión escolar, estar con otros compañeros durante el receso, son buenas estrategias para evitar la agresión.
  3. Enseña a tu hijo que no hay de qué avergonzarse por estar asustado por un agresor, por huir o por pedir ayuda a un adulto. Las agresiones pueden escalar, salvar la reputación es mucho menos importante que salvar su vida.
  4. Enseña a tus hijos a intervenir cuando identifiquen que alguien está siendo agredido. Cuando los niños que están cerca cuando se comente la agresión intervienen correctamente, los estudios indican que pueden detener el evento la mitad de las veces en los primeros 10 segundos.

Las formas de intervenir:

Aliarse con la víctima y quitarla del peligro. Ve y párate junto a la víctima, voltéala y camina con él en otra dirección en busca de la ayuda de un adulto. Di “te ves alterado” o “Te he estado buscando” o “La maestra me mandó a buscarte”.

Ve por ayuda. A los agresores les encanta tener audiencia. Trae a otros niños diciendo “Necesitamos su ayuda”. Confronta al agresor: “Has sido cruel”. Luego vete diciendo “Vámonos”.

Y por supuesto, si todos están preocupados por la seguridad, llamen inmediatamente a la maestra.

  1. Enseña a tu hijo a manejar la provocación y la agresión por medio del juego de roles. Las investigaciones muestra que el bulling empieza con el acoso verbal. Cómo la “víctima” responde ante esto determina si el agresor continuará o no atacando a este niño en particular. Si le da al agresor lo que quiere, una sensación de poder, la agresión generalmente escalará. Es imperativo discutir esto con tu hijo antes de que se agredido, para que pueda defenderse a sí mismo desde la primera vez que alguien intente agredirlo.

Hagan un juego de roles sobre cómo puede defenderse. Señálale que el agresor quiere provocar que dé e una respuesta que le haga sentir poderoso, por lo que mostrar tus emociones o pelar son exactamente lo que está buscando. Así que en cada interacción la forma en la que responda determinará si la situación aumenta o disminuye.

La mejor estrategia es siempre mantener la dignidad propia y dejar que el agresor mantenga su dignidad, en otras palabras no atacar o rebajar a la otra persona. Para hacer esto, simplemente di:

  • “Sabes, solo voy a ignorar tu comentario”.
  • “Creo que tengo otra cosa que hacer”.
  • “No gracias”.

Luego vete.

Enseña a tu hijo a contar hasta 10 para mantener la calma, mirar al agresor a los ojos y decir alguna de las frases de arriba. Practiquen hasta que tu hijo tenga un todo fuerte y confiado.

10. No lo dudes, intervén. Tu trabajo como padre es proteger a tu hijo. Eso significa que además de enseñarle lo mencionado anteriormente, deberás hablar con la maestra o el director de la escuela. No le des a tu hijo el mensaje de que está solo ante esto. No asumas que si no es violencia física, no pasa nada. Si la escuela no puede proteger a tu hijo, considera transferirlo a otra, incluso contempla la educación en casa.

Aha! Parenting. Dr. Laura Markha

¿Cómo salir de la casa por las mañanas con todo e hijos y no perder la cordura en el intento?

¿Cómo salir de la casa por las mañanas con todo e hijos y no perder la cordura en el intento?

Dr. Laura Markham

Aha Parenting

Siempre corriendo… El estrés de las mañanas es agobiante. Alistarme para ir al trabajo y asegurarme que mis hijos estén listos a la hora indicada para salir con rumbo a la escuela es todo un reto. Siempre ando corriendo, siempre estresada… no importa que tan temprano me levante o que tan listo deje todo la noche anterior… mientras más prisa tengo, más me toma alistar a los niños…

No importa si los amenazo o les ofrezco un premio, tan pronto sienten mi urgencia uno se tira en el suelo y el otro empieza a ignorarme… el resultado, nuestro día empieza con estirones y jalones… llegamos, ellos a la escuela y yo al trabajo, con un alto nivel de estrés y con los nervios de punta…

Karina

¿Te suena familiar el testimonio de Karina?

La mala noticia es que por más que Karina amenace, premie, castigue, intente por la buena pedir a sus hijos que se apuren o prepare todo la noche anterior, no hay garantía de que las cosas saldrán con la suavidad o fluidez que ella quisiera. Todo eso ayuda mucho, pero muchas veces las necesidades de los niños chocan con las nuestras.

¿Qué necesita un niño de 4 años en las mañanas? Bueno, todos somos diferentes, pero la mayoría de nosotros necesitamos tener una transición para pasar del sueño a la actividad; muchos niños se alteran al sentirse correteados. Muchos niños de 4 años necesitan “hacer las cosas por sí mismos”¨; quieren tomar sus propias decisiones respecto a cuándo necesitan ir al baño. Nunca he conocido a un niño que comprenda por que la junta que tiene mama en el trabajo es más importante que encontrar su carrito rojo.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? desde mi punto de vista lo ideal sería que ambos padres tuvieran un trabajo con horario flexible que les permitiera tener más tiempo en las mañanas para que los pequeños tuvieran una forma más humana de empezar el día. Lo sé, esto no es posible para la mayor parte de las familias.

Lo mejor que se puede hacer en estos casos es replantearse la idea de cómo se lleva a cabo la rutina matutina. ¿Qué pasaría si por las mañanas tu tarea más importante fuera conectar emocionalmente con tu hijo? de esta manera tu hijo tendría su tanque emocional lleno, estaría más dispuesto a cooperar contigo, sería más capaz de enfrentar los retos emocionales de su propio día. ¿Cómo se hace esto?

1. Manda a todos a la cama lo más temprano posible

Si tienes que despertar a tus hijos en las mañanas, significa que no están durmiendo lo suficiente. Cada hora menos de sueño los retrasa un año en su funcionamiento cerebral, lo que significa que actúan como si fueran un año menores.

2. Vete tú también a dormir más temprano

Si tienes que usar una alarma, no estas durmiendo lo suficiente (lo siento…) la rutina matutina requiere de infinita creatividad y energía por parte de los padres. Tus hijos dependen de ti para empezar su día con su tanque emocional lleno. No hay forma de mantenerse paciente cuando estás exhausto.

3. Consíguete más tiempo

Levántate antes que tus hijos, para que cuando ellos se levanten tu estés vestido y emocionalmente centrado antes de interactuar con ellos. Planea de manera rutinaria llegar al trabajo 15 min antes. La mitad de las veces no lo lograras, pero así no estarás estresado por llegar tarde. La otra mitad de las veces empezarás tu día más relajado y serás más efectivo en tu trabajo.

4. Prepárate una noche antes

Mochilas, portafolios, ropa, desayuno planeado, etc. involucra a tus hijos en el proceso, permite que ellos puedan seleccionar su ropa y encontrar ellos mismos lo que necesitan para estar listos.

5. Asegúrate de pasar por lo menos cinco minutos acurrucado y relajado con cada hijo mientras se van despertando.

Sé que se escucha imposible. Pero piénsalo, si todo lo demás está hecho, te puedes relajar cinco minutos. Ese tiempo de conexión con tu hijo transformará tu mañana. Llenarás el tanque emocional de tu hijo, lo que le da la motivación para cooperar en lugar de luchar contra ti. Esta es la mejor manera de prevenir la resistencia y el lloriqueo matutino.

6. Utiliza rutinas para hacer la transición más fácil.

Para los niños las transiciones entre actividades son difíciles y la mañana está llena de transiciones. Por ejemplo, si sacar a tu hija de la cama es un reto, terminen su arrumaco mañanero tomándose de las manos mientras bajan las escaleras y hagan de ese momento un tiempo de conexión especial, ambos digan por qué se sienten agradecidos o algo que les emocione del día que empieza (Naturalmente, lo que tú compartas tendrá que estar relacionado con su hijo).

7. Date cuenta que tus hijos necesitan tu ayuda para pasar por las transiciones.

Si tu meta es darle a tu hijo un buen comienzo del día, entonces necesitas darte cuenta que tu trabajo es ayudarle a transitar por la rutina matutina de manera suave y alegre, no solo darle órdenes. Eso podría significar bajar su ropa y permitirle que se vista junto a ti mientras estás dando de comer al bebé. De esta forma podrás reconocer su esfuerzo, por ejemplo: “Me doy cuenta que escogiste tu playera azul otra vez… te gusta, ¿verdad? Veo que estás haciendo un gran esfuerzo poro distinguir qué zapato va en qué pie. Hoy estás tarareando mientras te vistes”. Recuerda, vestirse es tu prioridad, no la suya. Tu presencia es lo que le motiva. Él está tomando prestadas tus “funciones ejecutivas” para mantenerse por buen camino.

8. Mantén la rutina lo más simple que se pueda.

Por ejemplo, tal vez quieras repensar el tema del desayuno. Yo sé, quisieras servir siempre un desayuno caliente. Yo también. Pero tengo un hijo al que no le gusta desayunar después de levantarse, así que hay veces en las que se come su sándwich en el auto. Igual de saludable y más pacífico, un mejor comienzo del día.

¿Preocupada porque se cepillen los dientes? Le pasé un cepillo de dientes y un vaso entrenador después del sándwich. No usó pasta de dientes por unos meses, no pasó nada. Si es demasiado para ti, necesitas encontrar una solución que te funcione. Mi punto es que las reglas pueden ser flexibles. ¿Por qué no pueden dormir en la playera y los leggins que llevarán mañana a la escuela? ¿Por qué no solo recoger su cabello en una colita en vez de cepillarlo? Es cuestión de identificar lo que es realmente importante.

9. Da opciones.

A nadie le gusta que lo estén mandando y ordenando todo el tiempo. ¿Quieres cepillarse los dientes subido en el banquito en el fregadero de la cocina mientras saco al bebé de su silla? O ¿quieres hacerlo arriba en el baño? ¿Quieres ponerte primero los zapatos o la chamarra? Cede en control en cada oportunidad que tengas. Tal vez pienses que debe ir al baño tan pronto como se levanta, pero él quiere y puede estar en control de su propio cuerpo. Mientras no haga pipí en sus pantalones, puedes dejarlo tomar la decisión de cuándo ir.

10. Actúalo.

En algún momento, durante el fin de semana, toma una mamá y un bebé de peluche (pueden ser títeres o incluso animalitos). Has que actúen la rutina de la mañana. Has que el pequeño muñeco se resista, chille, se colapse. Has que la mamá pierda el control (no asustes a tu hijo al sobre actuar, has que la mamá sea chistosa o torpe). Tu hijo estará fascinado. Ahora, dale a tu hijo el muñeco mamá y actúen nuevamente la escena, ahora siendo tú el hijo. Háganlo chistoso para que ambos se rían y liberen tensión. Asegúrate de incluir escenarios donde en los que el niño va a la escuela en pijama, o la mamá va a trabajar en pijama, o que el hijo tiene que gritarle a la mamá para que se apure, o que la mamá diga: “qué importa esa junta. Vamos a decirle a mi jefe que es más importante encontrar tu cochecito”. Dale en la fantasía lo que no puede tener en la realidad. Lo más seguro es que con esto verás más comprensión y cooperación por parte de tu hijo. Si no, al menos la risa bajará la tensión.

11. Prioriza implacablemente.

Si ambos padres trabajan tiempo completo mientras los hijos son pequeños, simplemente no hay tiempo para hacer nada extra durante la semana. Priorizar es la única manera de irte a la cama temprano y estar de buen humor por la mañana. No te preocupes, estos años no duran para siempre. Estás sentando las bases para que cada día pueda tomar más control de su propia rutina matutina.

La vida moderna pone mucha presión en los niños y en los papás, minando la conexión con los hijos. Necesitamos la conexión para suavizar los golpes de la vida. Nuestros hijos lo necesitan, no solo para cooperar, pero para ser mejores. Afortunadamente, cuando hacemos de la conexión nuestra prioridad, todo lo demás se hace un poco más fácil.

¡Te cuento tres! 1… 2… 3…

¡Te cuento tres! 1… 2… 3…

por Amy McCready

¿A quién su mama no le contó hasta tres? Contar 1-2-3 es una estrategia muy popular entre los papás, sobre todos de niños pequeños. Pero, ¿realmente funciona?

Amy McCready de Positive Parenting Solutions nos comparte su perspectiva y algunas alternativas a contar 1-2-3.

Si has estado utilizando la estrategia 1-2-3, probablemente te has dado cuenta que tus hijos no te prestan atención inmediatamente cuando empiezas a contar. Esto es lo que pasa en sus mentes:

Mamá: “¡Te cuento tres para que recojas tus juguetes! Uno…”

Hijo: “Está bien… Estoy bien aquí por un poco más. Seguiré haciendo lo que estoy haciendo”.

Mamá: “Dos…”

Hijo: “Es una lata. Ya sé que va a empezar a contar, pero sé que no tengo que hacer nada todavía. Tengo tiempo”.

Mamá. “Dos y media…”

Hijo: “Ay no… ya llegó a dos y media… Supongo que tengo que empezar a moverme antes de que llegue a tres”.

El asunto es que al contar hasta tres, realmente le estás dando tus hijos 5 o 6 oportunidades para ignorarte antes de tener que responder a lo que les estás pidiendo. Probablemente les has hablado una o dos veces antes de empezar a contar. Si a esto le agregas el “dos y media” y “dos tres cuartos”, pues ya tuvieron entonces entre 6 y 7 oportunidades para responder. En resumen, les has enseñado efectivamente cómo ignorarte, y la verdad para ellos es un hábito difícil de romper.

Además, ¿qué pasa en ti mientras estás contando? ¿Sube tu presión arterial? Y, ¿si después de contar hasta tres no hace caso? ¿Empiezas a contar otra vez? Pero en esta ocasión agregando: ¡Ahora sí va en serio!

Quienes hemos usado la estrategia de contar hasta tres, solemos creer que los niños necesitan que se les cuente para que tengan tiempo de reenfocar su atención. Sin embargo, considera lo siguiente:

¿Una maestra le pedirá múltiples veces a su alumno que realice una tarea? ¿Puede un empleado esperar hasta que su supervisor le repita varias veces que debe entregar un reporte? No, si quiere conservar su trabajo, ¿cierto? Nuestros hijos no tendrán tantas oportunidades cuando estén fuera de casa, de manera que contar hasta tres no contribuye a desarrollar características y habilidades de vida.

¿Qué hacer entonces?

Cuando quieres que tu hijo haga algo, ya sea levantar sus juguetes o dejar de salpicar agua en la tina, agáchate a su nivel (físicamente), haz contacto o visual y en un tono de voz calmado y firme enuncia el comportamiento que deseas que realice. La clave está en el tono de voz, ya que esto evitará que la situación se convierta en una lucha de poderes.

Por ejemplo puedes decir: “Mateo, por favor guarda tus juguetes o los voy a guardar yo y perderás el privilegio de jugar con ellos por el resto del día/semana” (ajusta el tiempo dependiendo de la edad de tu hijo). Esto le da a Mateo una oportunidad. Si él elige guardar sus juguetes, todos estarán felices. Pero si no… Calmadamente y sin hablar, toma los juguetes y ponlos en el closet por el tiempo que dijiste que lo harías.

Mientras estás siendo consistente con lo que dijiste, tal vez tu hijo pueda hacer un berrinche. Mientras nadie salga lastimado físicamente, déjalo. No hay necesidad de sermonar o de enojarse.

Su berrinche pasará y aprenderá una lección invaluable, que cuando dices algo realmente lo dices en serio. Recuerda, la paternidad es acerca de enseñar y ser consistente.

De lo contrario, si por el berrinche decides cambiar de opinión, Mateo comprenderá que no vas en serio y seguramente la escena se repetirá mañana.

Si eres consistente, tu hijo tal vez te ponga a prueba unas cuantas veces, pero pronto aprenderá que cuando dices algo, lo dices en serio.

Pronto será mejor oyente y ¡estará mejor preparado para el futuro!