Archivos Mensuales: septiembre 2014

Desacuerdos entre padres. ¿Uno es permisivo y el otro autoritario? ¿Qué hacer?

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  • “Yo quiero educar a mi hijo con amor y respeto, pero mi espos@ piensa que dejo que el niño haga lo que quiere”.
  • “Si alguien va a poner reglas en esta casa soy yo, mi espos@ no es capaz de decir que no al nuestros hijos”.

¿Cuántos de nosotros nos hemos encontrado en situaciones de desacuerdo con nuestra pareja sobre el tema de la educación de nuestros hijos? Este es un tema común en las familias, tema que genera un ambiente de tensión e inestabilidad de manera cotidiana.

UNA REALIDAD: Ambos padres quieren lo mejor para sus hijos…

Lo cierto, es que a veces los padres creemos que lo mejor es jugar al policía malo y al policía bueno, es decir, uno impone las reglas y cumple los castigos (autoritario) mientras que otro es más suave y condescendiente (permisivo). Sin embargo esto no hace más que enseñar a nuestros hijos a hacerle caso al que más le convenga según la circunstancia.

Ya sea que los padres vivan juntos o no, los temas que desatan los desacuerdos son variados, pueden ir desde los permisos para salir, el horario para irse a dormir, hasta temas relacionados con la alimentación y la formación espiritual de los hijos. A veces son los temas más cotidianos, a veces los más trascendentales, el punto es que las diferencias entre la pareja generan un clima de inestabilidad que tiene un impacto directo en la conducta de nuestros hijos.

LA BUENA NOTICIA: Ser padre o madre y compartir la crianza de un hijo no significa que siempre tengamos que estar de acuerdo, ni pensar exactamente igual. Los niños tienen una gran capacidad de adaptación y mientras los padres se respeten entre ellos, los hijos comprenden que papá hace las cosas de una forma y mamá de otra. Esto funcionará siempre y cuando los padres no compensen lo que creen que el otro no está haciendo.

Es posible experimentar placer en la paternidad compartida. Aquí algunas sugerencias:

  1. Acuerden no estar de acuerdo. Cuando los niños no estén cerca discutan sus ideas, pensamientos y sentimientos sobre la paternidad. Respeten sus diferencias.
  2. Haz saber a tus hijos que si necesitan una decisión deberán tener la respuesta afirmativa de ambos padres antes de hacer aquello que quieren.
  3. No interfieras en el momento en que el otro padre está actuando (a menos que la seguridad del niño esté en riesgo). Discutan sus ideas más tarde.
  4. Valora lo que cada uno de ustedes aporta a la familia, esfuérzate por ver lo positivo en el otro.
  5. No te quejes de tu pareja frente a tus hijos, ni le mandes recados con ellos y mucho menos esperes que ellos ayuden a resolver las diferencias de la pareja.
  6. Si tus hijos se quejan contigo del otro padre, hazles saber que estarás con ellos mientras le plantean la situación al padre en cuestión, pero que no resolverás la situación por ellos.
  7. Tomen en pareja cursos sobre la educación de los hijos.

Lo más importante es que seamos conscientes de que los niños pueden aprender de nosotros que está bien ser diferentes y que se pueden manejar estas diferencias con amor y respeto.

P.D. Todo lo anterior aplica también para tíos, abuelos, cuidadores, etc.

NOTA: Si existe violencia de cualquier tipo dentro de la familia, pide ayuda. Estas situaciones no se resuelven solas y requieren acompañamiento de un profesional.

Fuente: Nelsen, J., Lott, L. y Glenn, S. (2009) Disciplina Positiva de la A – Z. Ediciones Ruz. México

6 cosas que quiero enseñarle a mi hija

6 cosas que quiero enseñarle a mi hija

Jennifer S. White

Mother with daughter in the park

Mi hija está creciendo rápidamente

Todo el mundo dice que los hijos crecen en un instante, con un tronar de dedos pufff! Ya crecieron.

Doy un vistazo a mi hija sentada en nuestro piso de madera a lado de su montón de libros favoritos. Está señalando unos dibujos con colores muy brillantes, mientras animosamente lee en voz alta, luego sale corriendo para atravesar la sala y llega a donde estoy yo sentada. Se desparrama en mi regazo, su cara a unos centímetros de la mía, su sonrisa radiante frente a mí, y siento una lágrima salir de mis ojos.

Mi bebé.

Ya casi de tres años y está tan grande, ya no es más mi bebé.

Le sonrío antes de que se voltee, emocionada por la idea de que yo le lea un libro en voz alta, mientras repetimos este ritual por la millonésima vez (solo en esa mañana), pienso en las tantas cosas que quiero enseñarle.

Por supuesto que quiero que practique yoga conmigo y que ande en bicicleta con su papá. Y espero también que estudio y que viaje por el mundo, que aprenda un idioma, que toque le piano, en fin… lo cierto es que nada de esto es mi sueño real para ella.

Lo que realmente deseo que mi hija aprenda es muy sencillo.

1. Quiero que sea amable y que trate a la gente con respeto

El mundo actual está lleno de enojo y frustración. Quiero enseñarle que mucho del dolor del mundo puede evitarse si no lastimas a los demás. Si compartes amor a los demás, este llegará a tu vida.

2. Quiero que tenga confianza en sí misma

Deseo ayudarla a comprender que nuestras fallas y luchas personales tienen el poder de enseñarnos a ser compasivos con los demás. Si somos capaces de amar nuestra luz y nuestras sombras, entonces podremos valorar las de los demás.

3. Quiero que tenga riqueza

Que comprenda que esto no tiene nada que ver con dinero. Quiero que aprenda que tener a quien amar y que te aman a ti es lo que te hace rico en esta vida.

4. Quiero que tenga fe

Quiero que sepa que tener fe no es creer en un dios en particular o en una ideología, si que tener fe es saber que hay cosas en este mundo que no podemos ver fácilmente ni sostener en nuestras manos y que estas cosas son importantes.

5. Quiero que sepa que es capaz

Espero que pueda ver sus sueños flotar en las nubes sin la menor duda de que puede construir una escalera lo suficientemente larga para alcanzarlos.

6. Quiero que sepa que la amo

A veces mi hija me mira con una honesta adoración, y espero que me siga viendo así aun cuando se dé cuenta de todas mis fallas. Quiero que sepa que jamás en mi vida he intentado tanto ser buena en algo en mi vida como ahora que intento ser su madre.

Casi tres años, pienso asombrada. Y sé que dentro de poco seguiré aquí sentada pensando casi trece y no estaré segura cómo tantos años pasaron solo en minutos. Así que mientras ella crece y yo crezco, me recuerdo a mí misma qué es lo verdaderamente importante.

Lo importante no es la cocina impecable o la ropa limpia, ni siquiera la excelencia en leer y escribir, sino estos momentos, tal y como suceden, para que cuando pasen con injusta felicidad, sepa que no me perdí ninguno.